
Together
es una propuesta que desorienta, fascina y provoca, desafiando constantemente
tus expectativas Y aunque su narrativa coquetea con ciertos clichés, la
película encuentra su verdadera fuerza en lo abstracto y lo bizarro,
construyendo una experiencia que resulta tan inquietante como hipnótica. No es
una historia que busque complacer, sino sacudir, incomodar y sumergirte en un estado
de incertidumbre constante donde cada escena te reta a interpretar lo imposible
y aceptar que no todas las respuestas están ahí.
La
historia gira en torno a Tim y Millie (Dave Franco y Alisson Brie), una pareja
que atraviesa una relación marcada por la frustración, el desgaste emocional y la
incapacidad de comunicarse pero a medida que avanzan ciertas situaciones, lo
que comienza como un conflicto íntimo se transforma en un viaje extraño y
perturbador donde los límites entre la razón y la irracionalidad empiezan a
difuminarse, volviéndose como un descenso emocional que expone la fragilidad
humana en su estado más crudo.
El
guion es el corazón que late con violencia dentro de esta obra ya que es
impredecible, abstracto y deliberadamente desconcertante, no busca complacerte ni
ofrecer explicaciones fáciles, en cambio, elige construir una narrativa
fragmentada donde cada línea de diálogo y silencio parecen esconder más de lo
que revelan. Aquí, las palabras funcionan como detonadores: desencadenan
emociones, rompen la linealidad y desestabilizan constantemente cualquier
sensación de control.
La
historia apuesta por una estructura casi orgánica que fluye y muta conforme
avanza como si el propio relato se estuviera reescribiendo en tiempo real, no
hay un trayecto claro, sino un laberinto emocional lleno de símbolos, metáforas
y escenas que bordean lo absurdo. Sin embargo, detrás de ese aparente caos existe
una intención muy definida, confrontarte con tus propios límites, cuestionar
qué es real, qué es imaginado y qué tanto de lo que vemos es simplemente una
proyección de las heridas de los personajes.
Además,
el escrito juega con la ambigüedad moral porque los protagonistas no son héroes
ni villanos, son piezas rotas de un rompecabezas que nunca termina de
completarse ya que cada decisión que toman parece correcta y equivocada al
mismo tiempo, generando una tensión constante entre lo que esperan los
personajes y el público, en donde esa contradicción se convierte en el motor
que impulsa la cinta y la hace imposible de predecir.
Y
cuando todo parece estar por resolverse, el panfleto elige traicionar cualquier
expectativa con un clímax bizarro, perturbador y desconcertante que descoloca
por completo, no es un final pensado para dar respuestas, sino para abrir
nuevas preguntas y dejarte atrapado en un estado de incertidumbre que resulta
tan incómodo como fascinante, volviéndose en esencia como una apuesta narrativa
arriesgada que rompe con las convenciones y redefine lo que una historia puede
permitirse ser.

La
verdadera fuerza del filme radica en su atmósfera que se mueve en un terreno
donde lo familiar se desmorona y lo extraño toma el control, es un mundo que
parece tangible pero que a cada paso se retuerce hasta volverse irreconocible.
Hay secuencias que se sienten como fragmentos arrancados de un sueño febril,
imágenes que parecen construidas desde un subconsciente caótico que juega con
las emociones del espectador y otras poseen una crudeza tan real que resultan
perturbadoras como si fueran recuerdos robados de otro lado.
Ese
contraste constante entre lo cotidiano y surreal es el motor que mantiene la narrativa
en tensión permanente porque la obra no busca ofrecer certezas, sino
desorientar ya que cada escena plantea preguntas que rara vez encuentran
respuesta, obligándote a moverte en un terreno ambiguo donde lo racional y
absurdo coexisten. Es como si la cinta construyera un rompecabezas complejo
pero ocultara deliberadamente las piezas esenciales, creando una experiencia
donde la confusión se convierte en parte del encanto.
Incluso
los clichés, lejos de ser un defecto, funcionan como trampas narrativas
cuidadosamente colocadas gracias a que la trama juega con ellos para generar
una falsa sensación de familiaridad como si todo estuviera bajo control para
luego derrumbar esa comodidad con giros abruptos que descolocan por completo.
Es un engaño calculado pero que utiliza lo conocido para sumergirte en terreno
seguro, solo para empujarlo, sin aviso, a un abismo de incertidumbre.
La
dirección funciona como un hilo invisible que guía el caos, manteniendo un equilibrio
entre lo enigmático y lo perturbador, luego, la fotografía juega un papel
crucial al sumergirnos en una paleta cromática que alterna entre lo frío y lo
opresivo, en donde el montaje apuesta por una estructura fragmentada que
intensifica el desconcierto y refuerza la atmósfera impredecible del filme con
unos visuales que distorsionan la percepción de la realidad y generan imágenes
que se quedan grabadas en tu mente.
Además,
las actuaciones de Dave Franco y Alison Brie son uno de los pilares más sólidos
de la cinta, ambos logran transmitir una complicidad tan natural que traspasa
la pantalla, demostrando por qué su conexión en la vida real potencia cada
escena. La química entre ellos es muy buena porque sostiene la tensión
emocional de la historia y le da un peso genuino a los momentos más íntimos,
convirtiendo cada encuentro en un reflejo solido de lo que significa estar
emocionalmente sincronizados, dentro y fuera de la ficción
En
definitiva, Together es una película que desafía los límites de la narrativa
convencional y se atreve a explorar territorios donde lo abstracto, bizarro y
emocional se entrelazan, en donde su fuerza radica en sacudir, inquietar y
dejar una impresión que perdura mucho después de los créditos finales. Con un
buen guion, una dirección envolvente, visuales hipnóticos y actuaciones geniales,
la cinta se convierte en un viaje intenso y perturbador que obliga a sentir,
reflexionar y aceptar que no todo tiene que ser comprendido para ser
inolvidable.
Calificación: 8.5/10
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