HIM: El Elegido: Un evangelio oscuro sobre el deporte moderno y la obsesión que devora a sus héroes

HIM: El Elegido se presenta como un experimento audaz al mezclar terror psicológico, drama deportivo y alegoría sobre fama, sacrificio y poder, siendo un filme que rompe los moldes del género deportivo, mostrando la oscuridad que se esconde tras la imagen de la grandeza, ofreciendo promesa, tensión visual y momentos que captan la atención, sin embargo, la película termina sugiriendo más de lo que realmente resuelve.

La propuesta se mueve en un terreno incómodo y fascinante donde el deporte deja de ser simple disciplina para convertirse en una metáfora de culto, fe y sacrificio, desde el inicio la película plantea un universo en el que el cuerpo del atleta es tratado como templo, mercancía, gloria y condena, oscilando entre lo divino y lo terrenal. Esa mirada distinta le da frescura al género y aunque no siempre logre articular de manera impecable sus ideas, resulta difícil negar que HIM: El Elegido posee una identidad propia.

En esa tensión entre virtudes y limitaciones es lo que termina definiendo la experiencia porque HIM: El Elegido fascina con su atmósfera inquietante, empaque visual y capacidad para incomodar pero al mismo tiempo tropieza al no lograr que todas sus ideas encuentren un cauce sólido. La película se siente ambiciosa y distinta dentro del deporte, aunque esa misma ambición provoca que a ratos se disperse, quedando atrapada entre el impacto visual y la falta de una narrativa más contundente.

La historia se centra en Cameron Cade (Tyriq Withers), un joven mariscal de campo cuyo futuro en el fútbol americano parece brillante pero cuando sufre un ataque inesperado que le provoca un trauma cerebral, su carrera se ve amenazada, aunque, recibe una invitación de su ídolo Isaiah White (Marlon Wayans), un gran quarterback de leyenda para entrenar en un retiro aislado y lo que parece una oportunidad única, se convierte en un descenso con entrenamiento extremos, simbolismo religioso y visiones inquietantes.

El guion es la espina dorsal del largometraje ya que parte de una idea potente al explorar qué se exige (y qué se pierde) detrás de la imagen del atleta perfecto, también, intenta mostrar cuán permeable es la idolatría, el poder del mentor, los límites entre lo real y lo simbólico, sin embargo, la ejecución cojea en algunos frentes porque hay demasiadas ideas grandes (rituales, culto, sacrificio, fama, traumas físicos y mentales) y no todas están igual de desarrolladas.

Algunos símbolos resultan evidentes y otras metáforas se sienten demasiado espesas al no tener el soporte dramático que merecen, lo que resta fuerza a su trasfondo, de hecho, el ritmo se aprieta en determinados momentos, generando una intensidad que engancha pero luego se dilata en otros, provocando que ciertos pasajes pierdan la tensión que el planteamiento inicial había construido y en esa irregularidad narrativa, deja la sensación de que había un potencial mayor que nunca termina de explotar por completo.

Con base en sus elementos cinematográficos, la obra demuestra ambición ya que se atreve a empujar los límites con una dirección que no teme mezclar lo brutal con lo simbólico y lo deportivo con lo surreal. El uso del entorno como el compound aislado, los espacios claustrofóbicos, los contrastes entre luz divina y sombras densas, funciona bien para generar una atmósfera de culto y obsesión, incorporando recursos muy marcados como capítulos con títulos, alternancia entre lo real, alucinatorio y experimentaciones visuales.

Posteriormente, la fotografía aporta un gran valor gracias a que su trabajo con el contraste de luces, los encuadres cuidadosos, el juego de sombras y reflejos, las tomas que exaltan la monumentalidad del espacio, ayudan a elevar la cinta, ya que logra darnos una belleza visual en escenas clave que logran crear tensión e incluso cuando la historia flaquea un poco, esos aspectos consiguen que permanezcas atrapado por la fuerza visual y el simbolismo de cada imagen.

La banda sonora es otra de las facetas que HIM explota para construir atmósfera puesto que se juega con sonidos poco convencionales (por ejemplo, sonidos que simulan exámenes médicos, resonancias inquietantes) para generar incomodidad. La música refuerza bien los momentos climáticos, aunque en algunos casos parece estar puesta más para subrayar lo que ya se ha dicho visualmente antes que para generar sorpresas o tensión nueva.

Finalmente, su diseño de producción compuesta de imágenes religiosas, rituales, simbolismo, retratos del cuerpo como templo y como campo de batalla es sólido ya que desde los uniformes deportivos hasta los espacios vacíos, los rostros iluminados desde arriba o el uso de primeros planos para capturar dolor, miedo y duda, permite que HIM tenga momentos muy potentes visualmente, aunque a veces esas escenas parezcan más paradas para ser “foto impactante” que parte orgánica del relato.

En definitiva, HIM es una película con aspiraciones, atisbos de grandeza visual y temática pero que no termina por consolidarse como algo redondo, tiene lo suyo, una premisa poderosa, un estilo visual fuerte, actuaciones que sobresalen en momentos y muchas ideas para reflexionar sobre la fama, idolatría y sacrificios pero su guion desequilibrado, su narrativa por momentos difuminada y su dependencia de símbolos algo forzados, impiden que sea más que la suma de sus partes.


 

 

Calificación: 7.5/10 

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