Eternidad
es ese tipo de película que sin proponérselo de manera ruidosa, termina dejando
una marca profunda porque a través de una premisa fantástica y una sensibilidad
emocional muy humana, construye un viaje íntimo sobre lo que significa amar,
recordar y elegir, aunque su guion no siempre mantiene el mismo pulso
narrativo, su ambición temática y su capacidad de generar reflexión, la colocan
entre las propuestas románticas más destacables y memorables del año.
La
historia sigue a Joan (Elizabeth Olsen), una mujer que tras morir, despierta en
un “más allá” donde cada alma dispone de una semana para decidir en qué lugar
quiere pasar la eternidad, descubriendo que las personas recuperan la
apariencia de la época en la que fueron más felices pero una vez estando en el cielo,
se reencuentra con Larry (Miles Teller), el esposo con quien compartió toda una
vida y Luke (Callum Turner), su primer amor quien murió joven y nunca dejó de
esperarla y dentro de este espacio tan burocrático como mágico, Joan deberá elegir
a uno de ellos con el pasara el resto de su vida.
Eternidad
sin duda se posiciona como una de esas películas que se sienten en el corazón ya
que emerge con una sensibilidad particular, capaz de capturar tu atención desde
su premisa y sostenerla gracias a la fuerza emocional que atraviesa cada
escena. Su encanto radica en cómo transforma un concepto fantástico sobre la
posibilidad de elegir dónde pasar la eternidad, en un espejo que refleja lo más
humano como los vínculos, los recuerdos, las decisiones y las heridas que nos
acompañan incluso más allá de la vida.
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La
dirección imprime una calidez que te abraza sin caer en sentimentalismos
gratuitos ya que construye un mundo pequeño pero profundamente simbólico donde
cada rincón del “más allá” es diseñado para evocar emociones que todos hemos
vivido alguna vez como el regreso a un recuerdo, la sensación de nostalgia, el
miedo a haber elegido mal o a haber amado menos de lo que deberíamos,
provocando que ese equilibrio entre lo fantástico y lo íntimo convierta a esta película
en una obra tan especial.
El
guion es un elemento crucial por la originalidad de su planteamiento y la honestidad
de sus reflexiones, puede que presente irregularidades y ciertos tramos donde
la narrativa pierda ritmo o se siente alargada pero incluso en esos momentos
imperfectos, mantiene un latido emocional muy claro ya que sus líneas más
fuertes están en la manera en que retrata el amor joven e idealista, el amor
maduro construido con años de compañía, el amor que se guarda en silencio y el
que se elige aun entre dudas..
Luego,
las actuaciones son otro de los pilares que elevan a la obra, Elizabeth Olsen
entrega una interpretación profundamente humana, llena de matices que hace que
cada decisión de Joan se sienta real, legítima y dolorosa, después, Miles Teller
aporta solidez emocional a un personaje marcado por el tiempo, mientras que
Callum Turner encarna con naturalidad ese primer amor que parece congelado en
el recuerdo, formando un triángulo que busca revelar las distintas capas del
afecto, la lealtad y el peso de los años.
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En
lo visual, la película encuentra belleza en la sencillez porque el diseño del
“más allá” es evocador, ofreciendo espacios llenos de luz, rincones que parecen
creados para la memoria y detalles que convierten el limbo en un lugar que
mezcla lo familiar con lo desconocido, luego, la fotografía acompaña con
suavidad como si cada plano estuviera pensado para sostener la fragilidad y la
esperanza de sus personajes, mientras que la banda sonora acentúa cada transición
emocional sin robar protagonismo..
En
definitiva, Eternity es una de esas películas que se quedan latiendo en algún
lugar profundo de tu ser ya que es una obra que toma la idea de la eternidad y
la convierte en un diálogo íntimo sobre el amor, la memoria y las decisiones
que nos moldean incluso más allá de la vida, haciendo que su mundo fantástico
busque revelar, como si cada rincón del más allá funcionara como un
recordatorio de que las emociones que guardamos son más poderosas que cualquier
frontera entre la vida y la muerte.
Sin
olvidar que el filme te invita a detenerte y pensar acerca de qué significan
nuestras elecciones qué dejamos en quienes amamos y cómo queremos ser
recordados ya que se trata de una cinta que abraza la idea de que el amor no es
una línea recta ni una fórmula perfecta, sino un conjunto de momentos que pesan
más de lo que imaginamos y aunque su guion tropiece de vez en cuando, es
precisamente esa imperfección la que la vuelve humana, cercana y profundamente
memorable.
Calificación: 9/10
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