Ricochet: Un trabajo cumplidor de Rise Against que cumple, aunque se queda corto frente a la fuerza de los álbumes que lo preceden

 

Hablar de Rise Against es hablar de una banda que nunca ha tenido miedo de levantar la voz porque desde sus inicios, Tim McIlrath y compañía han construido un legado basado en la fuerza, protesta y esperanza. En cada álbum, la banda ha logrado combinar su esencia de punk rock con un mensaje social contundente, convirtiéndose en la voz de una generación inconforme. Por eso, cuando anunciaron su nuevo disco llamado Ricochet, las expectativas eran altas ya que Wolves y Nowhere Generation fueron muy buenas obras.

Y aunque Ricochet es un trabajo sólido, entretenido y con mucho corazón, la realidad es que no logra igualar la intensidad y el filo de sus predecesores ya que es un álbum que suena a Rise Against pero no con la misma fuerza. Hay destellos brillantes, ideas interesantes y letras que mantienen viva la esencia crítica de la banda pero también hay decisiones en la producción, mezcla y hasta la interpretación que lo hacen sentir más contenido de lo que debería.

Desde la primera escucha, este nuevo material discográfico deja en claro que su propuesta gira en torno a la interconexión humana y las consecuencias de nuestras acciones, cosa que atraviesa casi todo el disco para convertirse en el hilo conductor de temas como State of Emergency, Forty Days y Us Against The World. Rise Against nunca ha sido ajeno a los problemas sociales y aquí su mensaje se mantiene firme, el cual es que vivimos en un mundo donde todo lo que hacemos para bien o para mal, tiene un efecto sobre alguien más.

En lo musical, el álbum juega en un terreno conocido pero con algunos intentos de expandir horizontes, por ejemplo, canciones como Nod, Damage Is Done y Sink Like a Stone son los puntos más potentes del disco, con riffs enérgicos y un ritmo que recuerda los mejores momentos de Appeal to Reason. Por otro lado, “Black Crown”, que cuenta con la colaboración de Andy Hull, aporta un contraste necesario al ser más introspectiva, emocional y atmosférica que muestra el lado más vulnerable de la banda.

Gold Long Gone y I Want It All, en cambio, representan esa búsqueda por un sonido más expansivo, casi orientado al rock de estadio pero con resultados desiguales que se sienten más experimentales que memorables, luego, la canción Ricochet, que da nombre al álbum, funciona como una especie de declaración de principios ya que es enérgica, directa y con un estribillo diseñado para retumbar en vivo, siendo uno de los momentos donde la esencia combativa de Rise Against se siente más presente.

Soldier, en contraste, apuesta por un enfoque más melódico y emocional con una carga lírica que habla de resistencia y pertenencia, convirtiéndose en uno de los cortes más personales y emotivos del disco. Finalmente, Prizefighter cierra el álbum con un tono más introspectivo, casi a modo de epílogo, dejando una sensación de resiliencia que conecta con el concepto del “rebote” que atraviesa todo el proyecto.

Sin embargo, el verdadero punto de discusión recae en la producción y la mezcla porque en Wolves, la banda sonaba afilada y visceral, en Nowhere Generation, alcanzaron una cohesión impecable pero en Ricochet, la producción ofreció un sonido autotuneado, borroso, abstracto y bajo que no tiene una chispa de brillantez, provocando que esa rebeldía cruda e impacto inmediato que caracterizan a Rise Against haya sido diluida, aunque podemos estar agradecidos de que la calidad no se haya echado a perder del todo.

Otro detalle que no pasa desapercibido es la voz de Tim McIlrath, aunque sigue transmitiendo la pasión y convicción que lo han definido como uno de los vocalistas más icónicos del género, en ciertas canciones se percibe un ligero desgaste como si la intensidad que solía atravesar cada palabra se viera reducida. Esto no afecta todo el disc, pero en momentos clave resta fuerza a fragmentos que pedían un estallido emocional mucho más poderoso, sobretodo en la parte de los coros.

Con base en los argumentos anteriores, sinceramente no significa que Ricochet sea un mal álbum porque enserio es un trabajo entretenido que mantiene viva la identidad de Rise Against y que ofrece canciones que conectarán con los nuevos fans que están conociendo a la banda pero al mismo tiempo, deja la sensación de que pudo haber sido muchísimo mejor, puesto que se esperó 4 años para el estreno de esta obra, al final le falta la explosividad que hizo de la banda un referente indiscutible del punk rock moderno.

En definitiva, Ricochet es un álbum que funciona pero que no trasciende, tiene sus momentos, letras profundas y una identidad clara pero también transmite la sensación de que la banda eligió jugar seguro en lugar de arriesgar como lo hicieron en el pasado. Si Wolves fue un grito de guerra y Nowhere Generation una declaración generacional, Ricochet es un eco que resuena con fuerza pero que se va apagando antes de llegar a su máximo impacto.

Aun así, Ricochet deja en claro que Rise Against sigue siendo una banda con voz propia y algo que decir, aunque esta vez el mensaje llegue con menos fuerza que antes, no es un tropiezo pero tampoco un gran salto hacia adelante. La rebeldía de la banda sigue ahí pero contenida, como si estuviera esperando el momento exacto para volver a explotar y si algo demuestra esta obra, es que ellos aún tienen potencial para sorprender, aunque esta vez hayan preferido sonar más calculados que arriesgados.

Comentarios