Decades: Motionless In White celebra veinte años con un buen álbum explosivo que duele cuando decide bajar la intensidad

Celebrar dos décadas de carrera nunca es una tarea sencilla y mucho menos para una banda que ha construido su identidad sobre la constante evolución pero con Decades, Motionless In White busca reunir todo lo que ha definido su trayectoria en un mismo álbum, ofreciendo metalcore, industrial, electrónica y esa estética oscura que los ha convertido en una de las propuestas más reconocibles del rock moderno, dando como resultado un disco que pese a dejar algunas decisiones discutibles, consigue ofrecer una experiencia entretenida, variada y con suficientes momentos memorables para justificar su ambición.

Sinceramente Decades refleja perfectamente el momento que vive Motionless In White ya que después de veinte años construyendo una identidad propia dentro del rock, la banda no siente la necesidad de demostrar quién es, sino de recordarnos por qué ha logrado mantenerse vigente durante tanto tiempo, de hecho, desde el primer minuto queda claro que este no es un disco improvisado ni una celebración vacía por su aniversario porque detrás de cada canción, existe la intención de condensar todo lo que ha definido su evolución, desde la agresividad hasta lo melódico, industrial y cinematográfico.

A lo largo del disco, Motionless In White reflexiona sobre el paso del tiempo, la lucha por mantenerse fiel a uno mismo, el miedo al cambio, la ansiedad, la salud mental, la pérdida y la capacidad de levantarse después de caer, en donde al mismo tiempo, el álbum dirige una mirada crítica hacia la realidad contemporánea, abordando temas como la toxicidad en las redes sociales, la desinformación, la obsesión por juzgar a los demás y la pérdida de identidad en un mundo cada vez más digital, sin dejar de lado su característica estética inspirada en el horror y el espacio para explorar el amor desde una perspectiva oscura. 

Lo primero que llama la atención, es la fuerza con la que inicia el álbum porque "Decades", además de cumplir con la función de abrir el disco de una forma pesadísima, marca inmediatamente el tono de lo que parece ser una declaración de principios, combinando una atmósfera épica junto a riffs explosivos y melodías que sirven como carta de presentación perfecta, luego, "log_in//crash_out" acelera todavía más el ritmo con una descarga de rock industrial y electrónica muy bien integrada, demostrando que la banda continúa dominando ese sonido moderno que ha perfeccionado durante los últimos años.

Poco después llega "R.I.P.", una composición con alma de balada que reduce la intensidad del álbum para abrir paso a uno de sus momentos más íntimos y conmovedores ya que la participación de Skylar Grey, aporta una interpretación vocal que se convierte en el corazón de la canción, envolviendo cada verso con una delicadeza hipnótica que contrasta de forma magistral con la oscuridad característica de Motionless In White, dando como resultado una pieza profundamente emotiva donde la melancolía y la vulnerabilidad, encuentran un equilibrio perfecto con la fuerza de la banda.

Con "Fight Like Hell", el disco vuelve a pisar el acelerador al ser un auténtico himno de resistencia que recupera toda la contundencia del inicio mediante riffs demoledores, breakdowns muy bien colocados y un estribillo que desprende una energía contagiosa pero si hay una canción que termina robándose buena parte de los reflectores es "Playing God" porque más allá del enorme atractivo que supone escuchar a Chris Motionless compartir micrófono con Corey Taylor, el tema destaca porque lanza una crítica directa hacia la cultura del odio y la desinformación que domina las redes sociales. 

Después de alcanzar ese punto tan alto, "All That I've Ever Known" introduce un cambio de ritmo mucho más introspectivo debido a que es una canción que apuesta por la vulnerabilidad sin perder la intensidad emocional y permite apreciar una faceta más madura de Chris Motionless como intérprete, después, "Blood Rave" recupera gran parte de la agresividad gracias a la participación de Anthony Martinez, entregando uno de los cortes más pesados, electrónicos y caóticos del disco pero "Love At First Bite", cambia completamente la atmósfera al ser un track experimental, teatral y lleno de carisma.

La recta final comienza con "Count Back From Zero", el cual es probablemente uno de los temas más inspiradores del álbum por la manera en que habla sobre levantarse después de tocar fondo, su combinación de melodías emotivas con explosiones de fuerza la convierten en una de las composiciones más completas del disco, después aparece "Blood Pact", una canción que continúa desarrollando el lado más emocional del álbum mediante una producción impecable y un enfoque mucho más atmosférico para darle paso a "Afraid Of The Dark", el sencillo oscura, contundente y pegajosa que comenzó esta era de la banda.

Sin embargo, precisamente en esta última parte es donde aparece la principal reserva que deja el álbum porque después de una primera mitad tan explosiva, resulta inevitable imaginar que Motionless In White mantendría ese mismo nivel de agresividad hasta el final pero cuando escuchamos "Sunglasses At Night", nos damos cuenta que al igual que otras canciones correspondientes a esta mitad (a excepción de Afraid in The Dark), termina apoyándose mucho más en los sintetizadores, capas electrónicas y atmósferas industriales, lo que nos da a entender que la electrónica siempre ha sido una parte de su identidad. 

La verdad no está mal que la banda haya querido poner música electrónica en el tracklist del álbum, es un ingrediente que hace del producto uno divertido de escuchar pero conforme el disco entra en su segunda mitad, la presencia de la electrónica comienza a ganar cada vez más protagonismo y aunque estos elementos forman parte de la identidad moderna de Motionless In White, también hay pasajes donde parecen ocupar un espacio que perfectamente podrían haber aprovechado las guitarras para mantener el nivel de contundencia con el que el disco había comenzado.

Y con base en ello, ese obstáculo impide que el álbum alcance un nivel todavía mayor debido a la enorme expectativa que genera durante sus primeros minutos y cuando un disco comienza con semejante intensidad, es inevitable imaginar que el resto seguirá ese mismo camino pero al optar por un cierre más atmosférico y apoyarse con mayor frecuencia en la electrónica, la sensación final cambia ligeramente no porque las canciones pierdan calidad, sino porque el contraste con ese arranque demoledor hace pensar que todavía había margen para ofrecer un desenlace igual de contundente.

En definitiva, Decades es la prueba de que el paso del tiempo no tiene por qué apagar la creatividad cuando una banda sigue teniendo algo auténtico que decir ya que Motionless In White mira hacia atrás para reconocer el camino recorrido pero nunca se queda atrapado en la nostalgia porque utiliza esos veinte años de experiencia para construir un disco que combina fuerza, emoción, oscuridad y espectáculo con una naturalidad admirable, aunque pudo haber mantenido durante más tiempo la intensidad demoledora de su inicio, el resultado nunca pierde identidad ni capacidad para entretener al que quiere escucharlo.

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