Después
de 7 años de no ver una producción de Star Wars en la pantalla grande,
finalmente llega The Mandalorian And Grogu, una película que entiende
perfectamente que su mayor fortaleza son sus personajes y lejos de intentar reinventar
la franquicia o convertirse en un espectáculo gigantesco lleno de giros
imposibles, la cinta apuesta por algo mucho más sencillo pero también mucho más
importante, recuperar el espíritu clásico de aventura, exploración y conexión
emocional que convirtió a esta saga en un fenómeno mundial.
La
historia se centra nuevamente en Din Djarin (Pedro Pascal) y Grogu, quienes en
esta nueva aventura, terminarán involucrándose con el clan criminal de Jabba the
Hutt, en donde estos, les pedirán que rescaten a Rotta the Hutt, el hijo de Jabba
pero cuando Din y Grogu se dan cuenta de que el clan solo quiere utilizar a
Rotta como su conejillo de indias, ambos deberán protegerlo de sus familiares
traidores, desatando así una peligrosa persecución a través de distintos rincones
de la galaxia en el que serán rodeados de enemigos, organizaciones criminales y
despiadados cazarecompensas que no dejarán de perseguirlos.
Sinceramente
The Mandalorian And Grogu es una película que entiende claramente cuál es su
lugar dentro de Star Wars y aunque eso hace que en varios momentos se sienta
más como un episodio extendido de una nueva temporada que como un enorme evento
cinematográfico, también termina convirtiéndose en una de sus mayores
fortalezas ya que desde el inicio, abraza completamente ese tono de aventura
espacial, western galáctico y viaje emocional que convirtió a la serie en una
tremenda joya de la franquicia.
El
ritmo llega a sentirse algo lento en ciertos tramos y la narrativa avanza de
manera bastante pausada, especialmente cuando la historia decide enfocarse más
en la exploración y en la convivencia entre personajes que en la acción
constante, sin embargo, lejos de perjudicar completamente a la película, ese
enfoque termina ayudando a que el mundo se sienta más vivo, inmenso y mucho más
conectado con esa esencia clásica de Star Wars donde el viaje importa tanto
como el destino.
El
guion juega un papel muy importante en eso porque pese a que es bastante
sencillo y por momentos demasiado seguro, entiende perfectamente que la
verdadera fuerza de la película no está en intentar sorprender con giros
exagerados, sino en fortalecer el vínculo emocional entre Din y Grogu ya que la
historia constantemente encuentra pequeñas maneras de desarrollar su relación,
mostrando cómo ambos personajes han evolucionado juntos después de todo lo
vivido en la serie mediante la compañía, protección y pertenencia,
Además,
el panfleto logra capturar bastante bien el espíritu aventurero de Star Wars
gracias a que cada planeta, criatura y conflicto transmite esa sensación de
estar recorriendo una galaxia llena de historia, peligro y misterio,
entendiendo que una de las mayores virtudes de esta franquicia siempre ha sido
hacer que quieras perderte dentro de su universo y justamente eso es lo que
consigue durante gran parte del metraje, incluso cuando la trama toma caminos
predecibles, la dirección y la construcción del mundo mantienen viva esa
sensación de asombro que caracteriza a las mejores aventuras espaciales.
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Otro
aspecto que termina elevando muchísimo la experiencia es la química entre Din y
Grogu puesto que la conexión entre ambos ya no necesita grandes diálogos para
transmitir emociones, basta con pequeñas miradas, gestos o silencios para
entender por qué estos personajes lograron convertirse en el corazón emocional
de esta nueva etapa de Star Wars y la cinta deja muy en claro que más allá de
batallas galácticas o conflictos políticos, el verdadero centro de la historia
sigue siendo esa relación construida desde el cariño.
Visualmente,
el filme también logra destacar bastante ya que los escenarios, las criaturas,
el diseño de producción y las secuencias de acción mantienen intacta esa
estética western espacial que distingue tanto a The Mandalorian, hay momentos
donde la película realmente se siente enorme y cinematográfica, especialmente
cuando mezcla paisajes gigantescos con escenas mucho más íntimas entre sus
protagonistas, logrando que eso ayude a que la experiencia conserve constantemente
una sensación épica sin perder cercanía emocional.
En
definitiva, The Mandalorian And Grogu entiende que la inmensidad del espacio se
mide mejor a través del afecto que de las grandes batallas cósmicas y aunque
arrastra cierto tempo pausado que delata su ADN de pantalla chica, encuentra su
verdadera redención en el vínculo inquebrantable de sus protagonistas,
convertidos ya en la brújula sentimental de la franquicia porque a través de
una narrativa directa y un empaque visual que abraza con orgullo el western de
ciencia ficción, la cinta es muy buena al ser una celebración de todo aquello
que hizo que volviéramos a enamorarnos de esta galaxia muy pero muy lejana.
Calificación: 8.5/10
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