
Después
de tantos años de carrera, parecía casi imposible que Gorillaz todavía pudiera
sorprender de esta manera pero The Mountain demuestra exactamente lo contrario
porque más que un simple álbum, este proyecto se siente como una experiencia
emocional, espiritual y artística gigantesca que lleva a la banda a uno de los
puntos más altos de toda su trayectoria ya que Damon Albarn y Jamie Hewlett,
apuestan por una propuesta mucho más introspectiva, arriesgada y atmosférica
que termina convirtiéndose en algo verdaderamente inolvidable en la discografía
de Gorillaz.
Lo
increíble de The Mountain es que desde el primer momento transmite la sensación
de estar escuchando algo importante ya que es una obra hecha con paciencia,
personalidad y una visión artística clarísima, todo aquí tiene propósito, la
producción, las colaboraciones, los sonidos tradicionales, las letras, las
atmósferas y hasta el orden de las canciones consiguen que el disco entero se
mueva como un viaje emocional que habla sobre la muerte, la memoria, el duelo y
la espiritualidad pero sin perder esa esencia experimental, caótica y
melancólica que siempre ha definido a Gorillaz.
Musicalmente,
el álbum es una absoluta locura en el mejor sentido posible gracias a que la
mezcla entre electrónica, hip hop, synth pop, psicodelia y música tradicional
india crea un sonido inmenso que jamás se siente artificial o forzado, de hecho,
hay momentos donde el disco parece casi etéreo y contemplativo y otros donde
explota con una energía oscura y surrealista que recuerda por qué Gorillaz
siempre ha sido una de las bandas más creativas de las últimas décadas, en
donde lo impresionante es que incluso con tantos estilos mezclados, The
Mountain mantiene una identidad clarísima de principio a fin.
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Y
gran parte de eso se debe al nivel de las canciones, “The Moon Cave” es
fácilmente una de las mejores piezas que ha hecho Gorillaz en muchísimo tiempo
ya que tiene una atmósfera hipnótica y gigantesca que envuelve por completo
como si el tema estuviera flotando entre lo terrenal y lo espiritual, por otra
lado “The Manifesto”, se siente como una evolución madura del sonido clásico de
la banda al ser oscuro, elegante, experimental y lleno de detalles sonoros
increíbles que van creciendo con cada escucha, sin olvidar que “The Empty Dream
Machine”, es uno de los momentos más melancólicos del disco.
Posteriormente,
canciones como “Damascus” y “The Sweet Prince” muestran el lado más vulnerable
e introspectivo del proyecto, creando momentos realmente conmovedores sin caer
en dramatismos exagerados, mientras que “Orange County” aporta un respiro más
cálido y nostálgico y “The Happy Dictator” recupera ese caos satírico tan
característico de Gorillaz pero ahora con un tono mucho más sombrío y político,
al final cada tema aporta algo distinto al recorrido emocional del disco y
ayuda a construir esta sensación de estar escuchando una obra enorme y
cuidadosamente planeada.
Otro
aspecto impresionante es cómo el álbum utiliza las colaboraciones ya que en
discos anteriores muchas veces los invitados parecían robarse parte del
protagonismo pero aquí todo está perfectamente equilibrado, cada artista aporta
algo importante sin romper la identidad del álbum, haciendo que The Mountain se
sienta muchísimo más cohesionado y maduro que varios de los proyectos recientes
de la banda, en donde incluso las apariciones póstumas, terminan añadiendo una
carga emocional brutal, reforzando todavía más los temas de memoria y
trascendencia que atraviesan todo el disco.
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Dicho
lo anterior, de manera unánime The Mountain supera ampliamente a Cracker Island
porque pese a que aquel álbum tenía canciones pegajosas y momentos muy buenos,
también se sentía más seguro, más accesible y mucho más enfocado en lo
comercial, en cambio, The Mountain se atreve a experimentar constantemente y
nunca busca el camino fácil ya que aquí, Gorillaz vuelve a sonar verdaderamente
inspirado como si hubiera recuperado esa necesidad de crear algo completamente
diferente sin preocuparse por tendencias o expectativas externas porque la
diferencia en ambición artística es gigantesca.
Incluso
en el aspecto visual el álbum se siente especial ya que toda la estética creada
por Jamie Hewlett tiene una vibra espiritual, melancólica y surrealista que
complementa perfectamente el sonido del disco, desde que vemos en las montañas,
los templos, las referencias al más allá y los paisajes casi oníricos, hacen
que este nuevo material discográfico convierta esta era en una de las más
únicas y memorables que ha tenido Gorillaz en años gracias a que todo el proyecto
transmite la sensación de estar contemplando algo enorme, misterioso y
profundamente humano.
Y
lo más admirable de todo es que The Mountain consigue mantenerse emocionalmente
cercano a pesar de lo experimental y ambicioso que es, no se siente como un álbum
frío o pretencioso, al contrario, tiene muchísima alma en la que hay dolor,
nostalgia, esperanza y reflexión en prácticamente cada canción y eso hace que
el disco conecte muchísimo más allá de lo musical porque es el tipo de álbum
que mejora con cada escucha, donde siempre aparece un nuevo detalle, una nueva
capa sonora o una nueva interpretación emocional que se queda en tu memoria por
mucho tiempo.
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En
definitiva, The Mountain es uno de los momentos más altos en la carrera de
Gorillaz, y una de las propuestas musicales más originales, valientes y
completas de los últimos años ya que es enorme, espiritual, experimental y
emocional que demuestra que la banda todavía tiene la capacidad de reinventarse
y seguir creando arte de verdad, siendo una auténtica obra maestra que no solo
supera ampliamente a Cracker Island, sino que fácilmente puede colocarse al
nivel de clásicos como Demon Days y Plastic Beach puesto que deja una marca una
vez que lo terminas de escuchar y termina valiendo oro.
Lo
más impresionante es que se siente como el tipo de álbum que aparece una sola
vez en muchísimo tiempo porque no está construido alrededor de algoritmos,
tendencias pasajeras o canciones pensadas únicamente para volverse virales,
sino alrededor de emociones, atmósferas y una visión artística completamente
libre ya que escuchar el álbum completo termina sintiéndose como entrar en una
dimensión distinta durante una hora donde Gorillaz vuelve a demostrar por qué
siempre estuvo varios pasos adelante de muchísimas bandas contemporáneas, a tal
grado de crear un arte que realmente deja huella.
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