El Día D: Bajo Presión - Una batalla silenciosa entre hombres, pronósticos y dudas que estaban a punto de decidirlo todo

El Día D: Bajo Presión a simple vista podría parecer otra producción sobre la Segunda Guerra Mundial destinada a revisitar un episodio histórico que ya ha sido contado en numerosas ocasiones pero conforme avanza, encuentra una manera sólida de acercarse al Día D, alejándose del campo de batalla para llevar la guerra a una sala de reuniones donde un puñado de hombres debe enfrentarse al clima y en ese terreno de incertidumbre, presión y decisiones capaces de cambiar el rumbo de miles de vidas, es en donde la película encuentra su mayor virtud, siendo un drama sobrio, inteligente y atrapante.

Ambientada durante las horas previas al Día D, la historia se centra en el meteorólogo británico James Stagg (Andrew Scott), quien tiene la enorme responsabilidad de determinar si las condiciones climáticas permitirán llevar a cabo la invasión aliada de Normandía, mientras Ike Eisenhower (Brendan Fraser) y los altos mandos militares, esperan una respuesta definitiva en donde los pronósticos contradictorios, convertirán al clima en un enemigo tan impredecible como cualquier ejército para determinar si miles de soldados serán enviados a la guerra o si la operación tendrá que ser aplazada.

Sin esperar absolutamente nada de ella, El Dia D: Bajo Presión resulta ser una película bastante fácil de descubrir que poco a poco, consigue atraparte gracias a una trama que parece sencilla pero que está cargada de tensión, en donde sabes perfectamente lo que está en juego pero no necesariamente cómo se desarrollarán las decisiones que conducirán al Día D porque cada cambio en el pronóstico, discusión y nueva información meteorológica, consigue aumentar la sensación de incertidumbre, demostrando que no hace algo grande para construir suspenso. 

De hecho, el guion juega un papel fundamental ya que la película, entiende que su historia funciona mejor cuando coloca a sus personajes frente al problema de cuándo es realmente el momento correcto para enviar a miles de hombres a combatir, en donde a partir de esa pregunta, construye buena parte de sus conflictos y consigue transformar conversaciones, mapas, informes meteorológicos y discusiones entre especialistas, en momentos capaces de mantener la atención, siendo una de sus principales virtudes.

Además, consigue que la presión no recaiga únicamente sobre Ike Eisenhower como figura militar, sino también sobre quienes deben proporcionarle la información necesaria para tomar una decisión, lo cual hace que James Stagg adquiera un peso particularmente interesante dentro de la historia al no ser el hombre que dará la orden de atacar pero sí uno de los que puede determinar si esa orden debe darse o no, logrando que la cinta convierta esa responsabilidad aparentemente técnica en un conflicto profundamente humano.

También resulta acertado que el libreto no convierta a sus personajes en simples piezas de una recreación histórica porque aquí hay desacuerdos, egos, presión profesional y diferentes maneras de interpretar la información, provocando que las discusiones funcionen como auténticos enfrentamientos entre personas que creen tener la respuesta correcta, incluso cuando el ritmo se vuelve más pausado, existe la sensación de que cualquier conversación puede modificar el rumbo de lo que está por suceder.

Aunque pueda sentirse como otra película sobre la Segunda Guerra Mundial, consigue diferenciarse al recordarnos que una guerra no solamente se gana en el campo de batalla, a veces también se decide en una habitación, frente a un mapa, mientras un grupo de personas intenta interpretar correctamente algo tan impredecible como el clima y desde esa perspectiva, le permite encontrar suspenso en lugares donde normalmente no se buscaría y sobre todo, demuestra que la incertidumbre puede ser mucho más angustiante que una explosión cuando lo que está en juego es el destino de miles de personas.

Pero pese a sus pros, la cinta no es perfecta ya que su ritmo pausado y fuerte dependencia de los diálogos, pueden hacer que algunos momentos se sientan demasiado contenidos, especialmente para quienes esperan un drama bélico más espectacular, tampoco busca desarrollar con la misma profundidad a todos sus personajes y a veces, su estructura teatral resulta bastante evidente, sin embargo, estas características terminan siendo más una cuestión de estilo que un verdadero problema porque al final, la película sabe qué historia quiere contar y no intenta convertirse en algo que no es.

En definitiva, El Día D: Bajo Presión nos demuestra que incluso una historia cuyo desenlace ya está escrito, puede encontrar nuevas formas de sorprender ya que convierte la incertidumbre, los desacuerdos y el peso de una decisión, en el verdadero motor de su relato, construyendo un drama bélico contenido que consigue mucho con muy poco y que encuentra tensión donde otras producciones buscarían espectáculo, no es una gran cinta sobre la Segunda Guerra Mundial pero sí una propuesta sólida, inteligente y bastante efectiva de lo que podría sugerir su premisa, la cual deja una impresión positiva.


 

 

Calificación: 8/10 

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