
Primate
se instala cómodamente en ese tipo de cine de terror que no busca trascender,
sino entretener durante su metraje y desaparecer de la memoria poco después ya
que es una propuesta directa, consciente de sus límites, que apuesta por el
impacto inmediato y el caos controlado antes que por una construcción narrativa
o emocional más ambiciosa, en la que ver a un mono asesinando gente a como de lugar, vuelve a este filme como un must, aunque solo para pasar el rato y
desconectarte un poco de la realidad.
La
historia se centra en un grupo de jóvenes que se reúne en una casa aislada en
Hawaii para pasar unos días lejos de la rutina pero lo que comienza como una
convivencia normal, pronto se transforma en una pesadilla cuando un chimpancé
criado en cautiverio sufre un cambio brutal e incontrolable, convirtiéndose en
una amenaza letal y atrapados sin salida, los chicos se verán obligados a
enfrentar el terror más primitivo mientras la situación escala en violencia y
desesperación.
La
verdad es que Primate se construye como una experiencia de terror inmediata,
pensada para impactar en el momento y mantenerte en un estado constante de alerta
ya que su ritmo es uno de sus principales aciertos, gracias a que evita
estancarse, encadena situaciones de peligro con rapidez y apuesta por una sensación
de amenaza permanente que al menos en lo superficial, logra sostener el interés
hasta el final, funcionando como un producto eficiente dentro del cine de
terror comercial.
No
obstante, esa eficacia técnica no logra compensar sus problemas estructurales,
especialmente en la construcción de personajes ya que estos son altísimos y
unidimensionales, definidos por rasgos exagerados y conductas poco creíbles,
diseñados únicamente para cumplir una función dentro de la trama. No existe una
evolución clara ni una motivación sólida que permita entenderlos o empatizar
con ellos, haciendo que las muertes y los momentos de peligro carezcan de
verdadero peso emocional.
Las
actuaciones reflejan estas carencias desde el primer acto porque el elenco
cumple de manera correcta pero sin brillo ni intensidad dramática, de hecho, las
interpretaciones se sienten contenidas, casi planas y rara vez transmiten el
miedo, la desesperación o la tensión que la situación demanda, incluso en las
escenas más violentas o desesperadas, el impacto se queda en lo visual, sin
lograr un acompañamiento emocional convincente, aunque el único que se salva es
Troy Kotsur, quien la verdad es mucho actor para este filme
El
guion es el elemento que más limita el potencial de la película, aunque parte
de una premisa clara y funcional, el desarrollo se apoya excesivamente en fórmulas
ya conocidas del género como decisiones ilógicas, comportamientos convenientes
y diálogos genéricos que no construyen atmósfera ni profundidad. La narrativa
avanza por inercia, priorizando el movimiento constante sobre la coherencia
interna, lo que provoca que muchas situaciones se sientan forzadas o
predecibles.
Además,
el libreto desaprovecha cualquier posibilidad de explorar temas más
interesantes como la relación entre humanos y naturaleza, la responsabilidad
sobre aquello que no puede controlarse o las consecuencias reales de las
acciones de los personajes, haciendo que todo se quede en la superficie, sin
intención de reflexionar ni de aportar una lectura más elaborada al conflicto
central.
Dicho
esto, la cinta termina siendo un ejemplo claro de terror de consumo rápido ya
que es efectivo mientras dura pero carente de identidad propia, ofrece tensión
inmediata, algunas secuencias llamativas y un ritmo que evita el aburrimiento
pero no logra consolidarse como una obra memorable. Es una película ideal para
pasar el rato sin expectativas altas, aunque insuficiente para quienes buscan
un guion sólido, personajes bien trabajados o una experiencia que trascienda
más allá de su último susto.
En
definitiva, Primate es un ejemplo claro de terror de consumo inmediato, avanza
con fuerza, mantiene la atención y cumple su función básica de entretener pero se
diluye tan rápido como termina. Su impacto vive en el momento, no en el
recuerdo, sostenido más por la urgencia y el ruido que por una propuesta
sólida, siendo una experiencia que acompaña una tarde sin grandes expectativas,
efectiva en lo superficial pero incapaz de dejar huella allí donde el cine de
terror realmente se vuelve memorable.
Calificación: 7/10
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