De
todas las adaptaciones que el cine ha realizado sobre Robin Hood, La Muerte de
Robin Hood probablemente sea una de las más maduras y de las más arriesgadas
que se han hecho del personaje porque en lugar de volver a contar la clásica
historia del arquero de Sherwood, la película decide mirar al personaje desde
un lugar mucho más íntimo, sombrío y reflexivo mediante un drama que utiliza la
leyenda como punto de partida para hablar sobre la culpa, la violencia, el paso
del tiempo, la mortalidad y la redención cuando la aventura finalmente llega a
su fin.
La
historia se centra en un Robin Hood (Hugh Jackman) envejecido y gravemente
herido que después de haber vivido toda una vida marcada por la violencia y las
decisiones que tomó en nombre de una causa, se encuentra obligado a confrontar
su propia mortalidad, en la que una vez que conoce a una misteriosa mujer, el
legendario forajido comenzara a cuestionarse no solamente sobre quién fue, sino
también qué significado tuvieron realmente sus acciones y qué quedará de él
cuando la leyenda desaparezca.
Lo
más interesante de La Muerte de Robin Hood, es que entiende que después de
tantas versiones del personaje, repetir una vez más la fórmula tradicional
habría aportado muy poco, por eso, la película toma al mito y prácticamente lo
desmonta para reconstruirlo desde una perspectiva mucho más adulta,
convirtiendo al legendario arquero en un hombre cansado, herido por sus propias
decisiones y obligado a preguntarse si realmente existe una diferencia entre el
héroe que cuentan las historias y la persona que vivió detrás de ellas.
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Dicho
eso, probablemente sea la adaptación más madura de Robin Hood que ha llegado al
cine porque no está interesada únicamente en mostrar al héroe, sino en explorar
al ser humano que existe debajo de la leyenda porque aquí, la espada, el arco y
las batallas pasan a un segundo plano para darle espacio a cuestiones mucho más
filosóficas como por ejemplo, el precio de convertirse en leyenda, la redención
después de una vida marcada por la violencia y el entendimiento de que tu historia
está llegando al final.
Buena
parte de esa madurez proviene de su guion, el cual se atreve a llevar al
personaje por un camino completamente diferente al habitual ya que utiliza a
Robin Hood como el centro de una reflexión sobre la vida, la muerte, la culpa y
el legado, entendiendo que el verdadero conflicto ya no consiste en derrotar a
un villano o salvar un reino, sino en aceptar las consecuencias de una
existencia entera y en esa decisión, es que el filme es interesante porque
convierte su historia en un drama filosófico con una identidad propia.
Además,
resulta bastante atractivo que la obra no intente presentar a Robin Hood como
una figura completamente admirable ya que aquí, hay una intención clara de
cuestionar la romantización de la violencia y de recordar que detrás de
cualquier leyenda, existen decisiones, errores y consecuencias, haciendo que el
personaje ya no sea solamente el hombre que robaba a los ricos para ayudar a
los pobres, sino alguien que debe cargar con todo aquello que hizo para
convertirse en esa figura que se convirtió en un símbolo.
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Sin
embargo, precisamente esa apuesta también termina siendo su mayor limitación
porque La Muerte de Robin Hood cumple con lo que pretende hacer pero no
necesariamente consigue convertirse en la mejor película sobre el personaje ya
que en algunos momentos, su ritmo se vuelve demasiado pausado y contemplativo,
haciendo que la trama pierda algo de fuerza y que determinadas escenas se
sientan más largas de lo necesario, provocando que la película este tan
concentrada en reflexionar sobre Robin Hood que deja en segundo plano aquello
que hizo tan fascinante al personaje durante generaciones.
Y
ahí es en donde se echa de menos una dosis mayor de esa épica que
tradicionalmente acompaña al arquero de Sherwood, no porque la película
necesitara convertirse en un espectáculo de acción constante, sino porque
algunas secuencias más grandes, persecuciones, combates o momentos de auténtica
aventura habrían ayudado a equilibrar su propuesta porque Robin Hood es un
personaje profundamente ligado a la acción, al bosque, al arco, a los
enfrentamientos y a esa sensación de aventura que ha acompañado su leyenda
durante muchos siglos.
En
definitiva, La Muerte de Robin Hood no es la versión definitiva del rey de los
ladrones pero es una reinterpretación valiente, madura y humana de una leyenda
que parecía haberlo contado todo, en el que cambia las flechas y las grandes
gestas por preguntas sobre la culpa, la mortalidad, el legado y la redención, su
ritmo pausado y la ausencia de una aventura épica más contundente le restan fuerza
frente a otras versiones pero también son parte de la identidad de una
propuesta que no busca coronar nuevamente a Robin Hood como héroe, sino
mostrarlo cuando la gloria comienza a desvanecerse.
Calificación: 7.5/10
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