Motor City: Una venganza de pocas palabras, mucha acción y una propuesta que cumple sin llegar a revolucionar el género

Motor City es una película de venganza que decide hablar mucho menos para dejar que sus imágenes, su música y su violencia sean las encargadas de contar la historia, ofreciendo una apuesta tan sencilla como arriesgada que encuentra en el silencio una de sus principales herramientas narrativas y consigue construir una experiencia audiovisual con personalidad propia, sin embargo, detrás de una ejecución tan particular se encuentra una historia que aunque sabe aprovechar sus recursos para entretener, termina siendo bastante más convencional de lo que su propuesta parece prometer.

La historia se centra en John Miller (Alan Ritchson), un ex convicto que intenta comenzar de nuevo su vida junto a Sophia (Shailene Woodley), la mujer que ama pero cuando interviene Reynolds (Ben Foster), un peligroso gánster relacionado con el pasado de Sophia, termina arruinando sus planes cuando John es víctima de una conspiración que lo devuelve a prisión, en donde después de perder su libertad y aquello que le daba sentido a su vida, John emprenderá un violento camino de venganza en el que cada golpe, mirada y decisión, lo acercará a un enfrentamiento inevitable.

Motor City encuentra su mayor atractivo en una propuesta que apuesta por contar una historia de venganza a través de imágenes, música, actuaciones físicas y una cantidad de diálogos prácticamente inexistente, la cual es una decisión que lejos de convertirse en un simple adorno, consigue darle una identidad particular a la cinta y la obliga a confiar mucho más en aquello que ocurre frente a la cámara, haciendo que las miradas, los movimientos, los silencios, la violencia e incluso la música, adquieran un peso narrativo para que la película construya buena parte de su historia de una manera mucho más visual y directa.

El guion es el aspecto más contradictorio de la película ya que por un lado, su estructura sencilla y la decisión de reducir los diálogos permiten que la narración avance con un lenguaje cinematográfico directo, confiando en que las imágenes y las actuaciones transmitan las emociones de sus personajes, haciendo que Motor City tenga un ritmo particular y que buena parte de la historia pueda comprenderse a partir de las acciones de sus protagonistas, sin necesidad de detenerse constantemente para explicar lo que están pensando o sintiendo.

Por otro lado, la historia no termina de aprovechar todo el potencial de su premisa pues detrás de su llamativa presentación, se encuentra una trama de venganza bastante familiar con personajes y conflictos que en ocasiones se sienten más cercanos al arquetipo que a una construcción verdaderamente profunda, dicho esto, nos damos cuenta que la película tiene claro cómo quiere contar su historia, aunque no siempre consiga que aquello que cuenta tenga la misma fuerza que la manera en que lo presenta, evidenciando que su mayor problema, está en que algunas de sus ideas, no terminan de sacar su máximo potencial.

Pero la ausencia de diálogos, le permite diferenciarse de otras propuestas de acción ya que nos demuestra que no hacen falta grandes discursos para transmitir dolor, rabia o desesperación, basta con una mirada, una reacción o una acción concreta para entender lo que está pasando por la mente de sus protagonistas, siendo una manera de narrar que resulta refrescante cuando se ejecuta correctamente porque te obliga a prestar atención a detalles que normalmente pasarían desapercibidos, en la que gracias a ese detalle del panfleto, la idea es interesante y en buena medida funciona.

Con base en sus elementos cinematográficos, la fotografía, los escenarios, los automóviles, la iluminación y la música contribuyen a construir una atmósfera que nos recuerda constantemente al thriller de crimen policiaco y al cine de venganza de los 70´s ya que existe una sensación de suciedad, peligro y decadencia que encaja muy bien con la historia y que ayuda a que Detroit, se convierta en algo más que un simple escenario, en donde la música, adquiere una importancia considerable porque consigue que determinadas escenas, tengan una fuerza emocional

También, Alan Ritchson encaja con naturalidad en el papel de un protagonista que encuentra en su presencia física una de sus principales herramientas expresivas, su interpretación es convincente y la película sabe aprovechar su presencia para construir a un personaje que puede transmitir amenaza, dolor y rabia sin necesidad de recurrir constantemente a las palabras, haciendo que su trabajo funcione especialmente bien dentro de una propuesta que depende tanto del lenguaje corporal, volviéndose así en un protagonista que lleva buena parte de su conflicto interno sobre los hombros

En definitiva, Motor City encuentra en las imágenes lo que le falta en palabras y convierte el silencio, la música y la violencia en los principales motores de una historia de venganza que pese a no resultar especialmente novedosa, consigue defenderse con una propuesta audiovisual bastante particular porque su decisión de reducir los diálogos, funciona mejor de lo que podría parecer, la acción mantiene el ritmo y la atmósfera setentera le aporta una personalidad que consigue hacerla destacar dentro de un género que ya ha recorrido este camino muchas veces.


 

 

Calificación: 7.5/10 

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