El Día Del Fin Del Mundo: Migración – Una secuela inferior donde la odisea después del apocalipsis no logra igualar su origen
La historia se centra cinco años después de que el cometa Clarke devastara gran parte del planeta, en la que la familia Garrity conformada por John (Gerard Butler), Allison (Morena Baccarin) y su ahora adolescente hijo Nathan (Roman Griffin Davis), ha sobrevivido desde la catástrofe en un búnker seguro en Groenlandia pero cuando un terremoto y tsunami destruyen ese refugio, la familia y otros sobrevivientes se veran obligados a abandonarlo y emprender una larga y peligrosa travesía a través de un mundo devastado, para llegar a un lugar capaz de albergar el renacimiento de la civilización humana en Francia.
A pesar de su duración contenida, El Dia Del Fin Del Mundo: Migración consigue sostener el interés gracias a una propuesta visual robusta y a una atmósfera constantemente opresiva que refuerza la sensación de un mundo verdaderamente transformado por la catástrofe ya que la escala de devastación está construida con convicción, mediante espacios vacíos, estructuras deterioradas y entornos hostiles que funcionan como un elemento dramático activo que condiciona cada decisión de los personajes.
Luego, en el plano interpretativo, el filme encuentra su mayor fortaleza en la solidez dramática de Gerard Butler, cuya presencia otorga al relato una base emocional clara ya que su actuación imprime gravedad a la narrativa, transmitiendo cansancio, determinación y vulnerabilidad con credibilidad, logrando que el conflicto humano permanezca en el centro de la historia incluso cuando la estructura del guion pierde cohesión, haciendo que esa capacidad sea uno de los factores que mantienen funcionando a la cinta.
Sin embargo, el aspecto que más limita el alcance de la obra es su construcción narrativa, el escrito parte de premisas temáticas ricas y sugestivas como la reconstrucción de la civilización tras el colapso, la fragilidad de los sistemas humanos cuando desaparece el orden institucional y la transformación del instinto de supervivencia en una ética de comunidad o aislamiento, estas ideas poseen un potencial dramático considerable pero su desarrollo es irregular ya que los conflictos aparecen con intensidad pero rara vez reciben el tiempo o la profundización necesarios para evolucionar de manera orgánica.
Como consecuencia, los dilemas morales que deberían constituir el núcleo emocional del relato a través de decisiones sobre confianza, sacrificio, pertenencia y responsabilidad colectiva, aquí se presentan más como puntos de transición narrativa que como procesos dramáticos plenamente elaborados, provocando que la progresión de la trama privilegie el movimiento físico de los personajes sobre su transformación interior, generando la sensación de apresurar la premisa así no más.
Esa falta de densidad dramática repercute directamente en el ritmo emocional de la película, aunque la atmósfera mantiene la tensión y el mundo representado resulta convincente, el impacto psicológico de los eventos no siempre encuentra un correlato proporcional en el desarrollo narrativo, el filme expone con claridad el deterioro del mundo pero explora con menor profundidad el deterioro y posible reconstrucción de las estructuras humanas que lo habitaban.
Además, el desenlace sintetiza esta dualidad porque la resolución propone una reflexión sobre la incertidumbre del futuro y la persistencia de la humanidad frente al colapso pero su carácter deliberadamente ambiguo reduce la sensación de culminación dramática porque más que cerrar el viaje emocional construido, la conclusión parece interrumpirlo en un punto de transición conceptual, haciendo que esa decisión pueda interpretarse como algo coherente pero también una percepción de incompletitud narrativa.
En definitiva, El Día Del Fin Del Mundo: Migración se sostiene como una experiencia entretenida, bien interpretada y visualmente atractiva, capaz de mantener el interés gracias a su atmósfera opresiva, escala de devastación convincente y el compromiso dramático de su elenco pero como secuela, se percibe menos contundente, más acelerada y narrativamente menos refinada que su antecesora, siendo una continuación que expande el mundo sin lograr igualar la intensidad emocional ni la cohesión dramática que definieron el impacto de la primera cinta.
Calificación: 7/10

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