Moana (2026): Una aventura que vuelve a conquistar el océano pero que no logra sorprender en el camino

Tras haber conquistado al público con una de las historias más queridas de la animación moderna, Disney vuelve a navegar en las aguas de Motunui para traernos una versión en acción real de Moana, la cual llega después de diez años del estreno de su versión animada, en donde con un elenco renovado, escenarios reales y una producción de gran escala, busca trasladar el encanto de la cinta original a un formato diferente y aunque es entretenida, termina siendo simplemente un copia y pega de la película del 2026 que sin duda, hace que este material haya sido innecesario de hacer.

Básicamente la historia de este live action es la misma que la animada pero para quienes no hayan visto las dos cintas del personaje, la premisa se centra en Moana (Catherine Lagaʻaia), una joven que destinada a salvar a su pueblo y para hacerlo, decide emprender una travesía más allá del arrecife para devolver el corazón de Te Fiti y restaurar el equilibrio de la naturaleza pero en el camino, unirá fuerzas con el orgulloso semidiós Maui (Dwayne Johnson) enfrentándose a criaturas legendarias, desafíos imposibles y descubrimientos que pondrán a prueba su valentía, identidad y el significado de ser una verdadera líder.

El live action de Moana más que sentirse como una nueva interpretación de un clásico moderno, transmite constantemente la sensación de estar contemplando la versión animada reflejada en un espejo donde casi cada escena, diálogo, emoción e incluso muchos de sus momentos más memorables regresan con muy pocas variaciones, esa fidelidad absoluta hace que la aventura conserve el encanto que conquistó al público hace una década pero también impide que encuentre una voz propia capaz de justificar realmente su existencia más allá del cambio de formato.

El mayor obstáculo de la película es su guion, el cual excesivamente conformista porque en lugar de aprovechar la oportunidad para enriquecer la historia con nuevas perspectivas, desarrollar con mayor profundidad las relaciones entre sus personajes o explorar aspectos del universo que apenas fueron insinuados en la obra original, opta por recorrer exactamente el mismo camino de principio a fin, provocando que la narrativa se mueva con una seguridad casi mecánica, siguiendo una estructura ya conocida que rara vez se permite desviarse para sorprender, reinterpretar o ampliar el significado de los acontecimientos.

De hecho, lo más llamativo de la cinta es que nunca da la impresión de buscar una conversación con la obra original, sino de convivir permanentemente bajo su sombra ya que en muchos momentos parece menos interesada en construir una identidad propia que en recrear una sucesión de escenas icónicas destinadas a despertar la nostalgia del espectador y eso, da como resultado una adaptación que funciona como una reproducción cuidadosamente elaborada, donde el reconocimiento reemplaza al descubrimiento y la familiaridad termina ocupando el lugar que normalmente debería pertenecer a la sorpresa.

Ahora, eso no significa que la experiencia deje de ser entretenida porque la aventura conserva un ritmo dinámico que hace que el viaje avance con naturalidad, mientras que el carisma de sus personajes y la esencia que convirtió a Moana en una historia tan querida permanecen prácticamente intactos, eso hace que la película nunca pierde su capacidad para divertir, emocionar en determinados momentos y mantener el interés hasta el desenlace precisamente porque la base sobre la que está construida sigue siendo extraordinariamente sólida.

Sin embargo, esa misma fortaleza termina convirtiéndose en su mayor limitación ya que cada vez que surge la oportunidad de ofrecer algo diferente, la historia decide regresar a un terreno completamente conocido como si tuviera miedo de alejarse demasiado del material que le dio origen y esa constante sensación de seguridad, provoca que el viaje carezca de riesgo creativo y que la experiencia resulte mucho menos memorable de lo que podría haber sido ya que en lugar de aprovechar el potencial de esta nueva versión para sorprender con una visión renovada la película opta por ser conformista.

Con respecto a sus elementos cinematográficos, la fotografía aprovecha con gran acierto la inmensidad del océano y la belleza de los paisajes tropicales para construir imágenes de enorme impacto, mientras que los efectos visuales trasladan el mundo fantástico de Moana a la acción real con un nivel de detalle que conserva gran parte de la magia de la obra original, sin olvidar la interpretación de Catherine Lagaʻaia como Moana, quien logra capturar la esencia del personaje con una mezcla de carisma, determinación y sensibilidad que hace muy fácil conectar con su viaje.

Al final, Moana entretiene, emociona y cumple con su propósito de trasladar esta aventura al formato de acción real pero también confirma que la fidelidad absoluta puede convertirse en un arma de doble filo porque más que descubrir un nuevo océano, la película invita a recorrer exactamente las mismas aguas, contemplar los mismos paisajes y llegar al mismo destino, siendo un viaje agradable y visualmente cautivador pero uno que rara vez encuentra el valor de cambiar el rumbo para demostrar que todavía quedaban historias por contar en este universo, terminando como un live action más del catálogo de Disney.


 

 

Calificación: 7.5/10 

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