Iniciando
el 2026 con todo en cuanto a la cartelera cinematográfica, llega la primera película
del año llamada La Empleada, un
thriller psicológico que no busca reinventar el género, sino explotar sus
fórmulas con inteligencia, estilo y un ritmo diseñado para atrapar. Es una cinta
que entiende perfectamente su propósito, osea, inquietar, entretener y mantenerte
dudando de todo y de todos, no es una obra pretenciosa ni aspira a una
profundidad extrema, está lejos de ser muy buena pero logra engancharte de
principio a fin.
Con
una premisa aparentemente sencilla, la película se adentra en el terreno del
suspenso doméstico para construir una atmósfera cada vez más incómoda donde las
apariencias juegan un papel fundamental y la tensión se filtra en cada escena.
A través de silencios, miradas y situaciones cargadas de ambigüedad, propone un
juego constante de sospechas que te invita a cuestionar las verdaderas
intenciones de sus personajes, apostando más por el impacto emocional y el
entretenimiento que por la sutileza narrativa.
La
historia se centra en Millie Calloway (Sydney Sweeney), una joven con un pasado
complicado que consigue trabajo como empleada doméstica en la lujosa casa de
una familia aparentemente perfecta, sin embargo, lo que comienza como una
oportunidad para empezar de nuevo, pronto se transformara en una experiencia
inquietante en la que la dinámica familiar, los silencios incómodos y las actitudes
cada vez más extrañas, convierten el hogar en un espacio opresivo donde nada es
lo que parece.
La
Empleada se consolida como un thriller psicológico efectivo y conscientemente
provocador que apuesta por el impacto emocional y la tensión constante por encima
de la sutileza absoluta ya que la película, entiende que su mayor fortaleza no
está en reinventar el género, sino en jugar con sus reglas, explotando el
suspenso doméstico, la manipulación psicológica y las relaciones de poder de una
manera directa y accesible.
El
guion está diseñado para desorientarte gracias a que presenta versiones
parciales de la realidad y modifica constantemente la percepción de los personajes,
provocando que la narrativa dosifique la información con precisión, utilizando
los silencios, las actitudes ambiguas y los cambios de comportamiento como
piezas clave para construir el misterio, haciendo que cada escena sea pensada
para sembrar duda y reforzando la sensación de que algo está fuera de lugar
incluso cuando todo luce perfecto en la superficie.
Aunque
el libreto recurre a ciertos clichés propios del género como dinámicas de
manipulación predecibles y giros diseñados para impactar, estos pueden resultar
exagerados o convenientes en algunos momentos, sin embargo, están ejecutados
con el ritmo y la convicción suficientes como para mantener el interés intacto
ya que esta elección narrativa termina por reforzar su identidad como un placer
culpable que no siempre apuesta por la verosimilitud, sino por ser intensa,
intrigante y abiertamente adictiva.
Luego,
la dinámica entre los personajes se erige como uno de los grandes aciertos del
filme ya que el texto construye relaciones marcadas por la manipulación
emocional, el control y una constante fragilidad psicológica, dando lugar a un
juego permanente de alianzas cambiantes y traiciones silenciosas. Los
personajes están concebidos para incomodar, provocar y sembrar duda, lo que
añade una tensión moral persistente que te mantiene en un estado de alerta
continuo.
Visualmente,
la cinta acompaña esta propuesta con una puesta en escena elegante y
engañosamente pulcra donde los espacios amplios y luminosos, contrastan de
manera deliberada con la oscuridad emocional que domina la premisa, reforzando
el conflicto interno de los personajes. La dirección aprovecha este contraste
para intensificar la sensación de encierro y paranoia, utilizando la
composición de los planos y el control del espacio como herramientas
narrativas, convirtiendo la casa en un personaje más.
En
el apartado actoral, el filme encuentra su mayor fortaleza en Amanda Seyfried,
quien es el verdadero pilar de la obra al cargar con gran parte del peso
narrativo y emocional del relato, su interpretación es intensa, magnética y
constantemente impredecible, dotando al personaje de una complejidad que
sostiene la tensión del filme de principio a fin pero Sydney Sweeney, pese a
que cumple de manera correcta, su trabajo no termina de destacar ni de alcanzar
el mismo nivel de impacto, quedando a deber en ciertos tramos.
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Dicho
lo anterior, podemos decir que la obra prioriza el impacto, ofrece un ritmo
constante y demuestra una clara intención de entretener, incomodar y
sorprender, aun cuando no todas sus decisiones narrativas funcionan con la
misma solidez, no dejara una huella duradera dentro del género pero sí ofrece
una experiencia intensa y envolvente, plenamente consciente de su carácter
excesivo, logrando que incluso sus giros más desmedidos se disfruten como parte
de un placer culpable bien ejecutado.
En
definitiva, La Empleada con aciertos y tropiezos evidentes, es un thriller
psicológico que entiende perfectamente sus límites y juega con ellos sin
complejos, ofreciendo una experiencia intensa, incómoda y deliberadamente
excesiva que es sostenida por un guion calculado y una actuación central que
eleva el conjunto, la cual se disfruta más como un juego de apariencias y
manipulación que como un ejercicio de profundidad, convirtiéndose en ese tipo de
propuesta que se consume con gusto sin nada más que hacer.
Calificación: 7.5/10
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